El 29 de septiembre de 1879, en un terreno anegado de Belfast, el recién nacido Cliftonville AFC cayó 2 a 1 ante una improvisada selección de rugbiers llamada “Quidnuncs”. Fue el primer partido oficial de fútbol asociación en Irlanda y el embrión de todo lo que vendría después.
Había llovido tanto que el campo del Cliftonville Cricket Club parecía más un pantano que una cancha. Allí, entre charcos y barro hasta los tobillos, se jugó el primer partido de fútbol que registra la historia irlandesa. Era el 29 de septiembre de 1879 y el Cliftonville AFC, fundado apenas una semana antes por John McCredy McAlery, enfrentaba a los “Quidnuncs”, un grupo de jugadores de rugby que aceptaron el desafío de probar ese nuevo código que llegaba desde Inglaterra.
El resultado —2 a 1 en contra de los locales— importa menos que el caos. Nadie sabía muy bien las reglas. Las manos volaban una y otra vez hacia el balón, como si el espíritu del rugby se negara a abandonar el terreno. Las crónicas de la época no ahorraron críticas: “no pudo considerarse una buena exhibición del código de asociación”. El árbitro quedó en el anonimato, los players y los autores de los goles, también. Sólo quedó la certeza de que algo había nacido en medio de aquel desorden.
McAlery había publicado un aviso en el diario buscando voluntarios. Con lo que consiguió armó un equipo de urgencia. Los “Quidnuncs” no eran un club de fútbol: eran vecinos que se prestaron al experimento. Once años después, el Cliftonville se mudaría a Solitude, su casa definitiva. Pero ese día de 1879, bajo la lluvia de Belfast, el fútbol irlandés dio su primer paso torpe, barroso y definitivo. Al año siguiente nacería la Asociación Irlandesa de Fútbol. Todo empezó allí, cuando las manos todavía no sabían quedarse quietas.






