Un 22 de octubre de 1893 nacía en Pontevedra un futbolista que dejó su huella en los primeros capítulos del fútbol español. Olímpico en Amberes, figura de dos clubes enfrentados y protagonista de una disputa que trascendió la cancha, su nombre quedó ligado para siempre a la historia.
El fútbol todavía buscaba su identidad cuando Luis Otero Sánchez-Encinas empezó a recorrer los campos gallegos. A los 16 años debutó en el Sporting de Pontevedra y, en 1911, se incorporó al Vigo Sporting, donde conquistó cuatro campeonatos regionales y se convirtió en uno de los defensores destacados de su tiempo.
Su destino quedó marcado en 1923, cuando la fusión del Vigo Sporting con el Real Fortuna dio origen al Celta de Vigo. Disconforme con la disciplina de la nueva institución, Otero abandonó el club y fichó por el Deportivo de La Coruña. La decisión desató una controversia que alimentó la rivalidad entre ambas entidades, con sanciones federativas y reclamos que llegaron hasta la conducción nacional del fútbol español.
Pero su legado excedió aquella disputa. El 28 de agosto de 1920, Otero integró el equipo que disputó el primer partido de la selección española, frente a Dinamarca, en los Juegos Olímpicos de Amberes. Aquella campaña culminó con una medalla de plata. Fue, además, el primer gallego en vestir la camiseta nacional.
Con el Deportivo consiguió otros dos títulos regionales y disputó las primeras ediciones de la Segunda División. Se retiró en 1930 y echó raíces en La Coruña, donde atendió un bar en la calle de los Olmos. Su popularidad también lo llevó a protagonizar publicidades, mientras la Federación Española reconocía sus méritos deportivos en 1933.
Partió el 20 de enero de 1955, pero su recuerdo siguió vivo: un trofeo lleva su nombre en Pontevedra desde 1959 y un monolito en las inmediaciones de Riazor honra su memoria. En su historia conviven los comienzos de una selección, la gloria olímpica y una rivalidad que encontró en su decisión uno de sus capítulos fundacionales.






