jueves, 29 de octubre de 2026

A 115 AÑOS DEL DEBUT INTERNACIONAL DE LUXEMBURGO: FRANCIA NO ES BUENA PARA LAS BIENVENIDAS: 4 A 1 A LES LIONS ROUGES | Marcos Carambatta


 


El 29 de octubre de 1911, Luxemburgo debutó frente a Francia. Cayó 4 a 1, y comenzó a escribir una historia que al momento de escribirse esta semblanza parece estar empezando a abrirse camino competitivo.


Toda historia tiene un primer capítulo. Para Luxemburgo, llegó aquella tarde de 1911, ante Francia. Los locales sorprendieron con el tanto de Emile Kuborn a los 15 minutos, pero Henri Vialmonteil igualó y Louis Mesnier dieron vuelta el marcador. En el complemento, Mesnier amplió y Ernest Gravier selló la goleada francesa. Tres años después, Luxemburgo se tomaría desquite con un memorable 5 a 4.


En los leones rojos jugó Johann Zénon Bernard (foto de tapa) quién además fuera un destacado dirigente comunista hoy reconocido en el Gran Ducado con calles que llevan su nombre


Luxemburgo 1

Francia 4 


Luxemburgo: Alphonse Weicker; Michel Ungeheuer, Josy Faber, Nicolas Joseph Michaux y Francois Lang; Jemmy Becker, Henri Schwartz y Victor Kauth; Zénon Bernard, Albert Elter y Emile Kuborn.


Francia: Pierre Chayriguès; Jean Ducret y Paul Romano; Gaston Barreau, Maurice Olivier, Bénomi Vascout, Félix Vial y Maurice Bigué; Louis Mesnier, Henri Vialmonteil y Ernest Gravier. DT: Raoul Caudron.


Goles: 15' Emile Kuborn; 26' Henri Vialmonteil; 32' y 80' Louis Mesnier y 84' Ernest Gravier


Estadio: Stade Josy Barthel. 4.000 espectadores.


Árbitro: Raphaël van Praag.


A 115 AÑOS DE UNA GOLEADA HISTÓRICA: EL RECUERDO DE UNA LLUVIA DE GOLES DE HUNGRÍA A SUIZA | Marcos Carambatta

 




El 29 de octubre de 1911, en Budapest, los húngaros brindaron una exhibición ofensiva inolvidable. Imre Schlosser-Lakatos, con seis conquistas, fue el verdugo de una tarde para el recuerdo eterno.


El Millenáris Sporttelep fue escenario de una jornada en la que Hungría hizo del ataque un arte y de Suiza una víctima sin defensa. Apenas había transcurrido un minuto cuando Gyula Bíró inició el camino. Después, Károly Koródy, con dos tantos, y la puntería implacable de Imre Schlosser-Lakatos (foto de tapa) fueron construyendo una goleada que ya tenía cuatro goles de ventaja antes del descanso.


Pero faltaba lo mejor. En la segunda mitad, Schlosser volvió a cargar sus armas y convirtió cinco veces en total durante el complemento, hasta completar seis conquistas personales. Sus goles, repartidos entre los minutos 18 y 85, sellaron una actuación extraordinaria. Sándor Bodnár también dejó su nombre en la cuenta goleadora.


Los quince mil espectadores asistieron a una demostración contundente del fútbol húngaro de comienzos del siglo XX. Para Suiza, aquella caída quedó entre las más dolorosas de su historia internacional. Para Hungría, fue una página dorada, escrita a fuerza de goles y con Schlosser como protagonista excluyente que hoy es lejana por el tiempo y por la realidad del fútbol magyar.



Hungría: 9

Suiza: 0


HUNGRÍA: László Domonkos; Gyula Rumbold, Oszkár Szendrő; Gyula Bíró, Sándor Bródy (capitán), Adolf Kertész; Béla Sebestyén, Sándor Bodnár, Károly Koródy, Imre Schlosser-Lakatos, Gáspár Borbás.


SUIZA: Karl Weilenmann; Albert Beuchat, Louis Würsten; Rudolf Keller, Konrad Ehrbar, Pierre Collet (capitán); Erich Moll, Ernst Kaltenbach, Paul Wyss, Karl Jörg, Theo Kobelt.


Goles: 1' Gyula Bíró, 5' y 26' Károly Koródy, 18', 56', 62', 79', 83' y 85' Imre Schlosser-Lakatos.


Estadio: Millenáris Sporttelep, Budapest.


Árbitro: Hugo Meisl (Austria).


Público: 15.000 espectadores.

miércoles, 28 de octubre de 2026

FÚTBOL PIRATA | EL MORENO QUE FUE FIGURA PIONERA: ARTHUR WHARTON, EL GOLERO QUE ABRIÓ CAMINOS EN LA HISTORIA | Marcos Carambatta

 



Dueño de condiciones excepcionales, se destacó bajo los tres palos y dejó su marca en los field piratas. En 1889, al firmar con el Rotherham Town, se convirtió en el primer futbolista negro en rubricar un contrato profesional.



Se suele recordar a sus campeones o a los que marcan records por sus hazañas, pero a veces hay hombres y nombres cuya importancia excede las cifras y los trofeos, como lo fue Arthur Wharton. Nacido en Jamestown, actual Acra, Ghana, el 28 de octubre de 1865, llevó su talento a Inglaterra y se abrió paso en una época de escasas oportunidades para los deportistas negros.


Su primera gran conquista llegó lejos del arco. En 1886, en Stamford Bridge, Londres, ganó las 100 yardas y se consagró como el primer campeón oficial del mundo en esa distancia, con un registro inferior a los diez segundos. También sobresalió en el ciclismo y el críquet, aunque el fútbol terminaría ocupando un lugar central en su trayectoria.


En 1885 comenzó a atajar para el Darlington. Sus condiciones lo llevaron al Preston North End, con el que alcanzó las semifinales de la FA Cup de 1887. En 1889, el Rotherham Town le ofreció un contrato profesional: un paso histórico que quebró barreras en el fútbol pirata. Allí permaneció cinco temporadas antes de incorporarse al Sheffield United, donde disputó tres encuentros de primera división. También defendió los colores del Stalybridge Rovers, el Ashton North End y el Stockport County, club en el que cerró su carrera en 1902.


La gloria deportiva no le aseguró una vida apacible. Trabajó en una mina de carbón y falleció en Edlington, el 13 de diciembre de 1930, sumido en la pobreza. Su tumba permaneció sin inscripción durante décadas.


Recién en los años noventa su figura recuperó el lugar merecido. En 2003 ingresó al Salón de la Fama del fútbol inglés. Arthur Wharton había partido, pero su nombre ya era parte de una historia que el deporte 

lunes, 26 de octubre de 2026

A 163 DEL NACIMIENTO DEL FÚTBOL: 26 de octubre de 1863: el día en que el fútbol comenzó a escribir su historia | Marcos Carambatta

 



Una reunión celebrada el 26 de octubre de 1863 en la capital pirata puso en marcha el proceso de unificación de las distintas formas de jugar al fútbol. Aquella iniciativa desembocaría en un reglamento común y en la separación definitiva de quienes preferían el uso de las manos.


Londres, con sus calles grises y el andar de una sociedad en plena transformación, fue escenario de una jornada destinada a dejar huella en la historia del deporte. El 26 de octubre de 1863, representantes vinculados al fútbol se reunieron para dar forma a una idea que hasta entonces parecía difícil de conciliar: establecer reglas compartidas para un juego que se practicaba bajo criterios diferentes.


De aquel encuentro nació el hecho fundacional de The Football Association (FA), entidad que asumió la tarea de unificar las normas y darle al fútbol una identidad propia. No se trataba de un simple ajuste reglamentario. En aquella discusión se jugaba el porvenir de una disciplina que comenzaba a abrirse camino y necesitaba acuerdos para crecer.


El 26 de diciembre de ese mismo año quedó completado el primer reglamento. La decisión marcó una frontera entre quienes defendían el juego con los pies y aquellos que mantenían el uso de las manos como parte de su práctica. Esa divergencia tendría consecuencias duraderas: en 1871 surgiría la Rugby Football Union, que consolidaría el camino independiente del rugby.


La FA, por su antigüedad, conserva un lugar singular en el mapa institucional del deporte. Es la asociación nacional de fútbol más antigua del mundo y una rareza entre sus pares: su nombre no necesita mencionar al país al que representa.


Aquel otoño londinense no resolvió todos los debates, pero dejó algo esencial: un conjunto de reglas sobre el cual el fútbol pudo expandirse hasta convertirse en una pasión universal. El juego todavía estaba lejos de los grandes estadios, las multitudes y las transmisiones, pero su historia moderna ya había comenzado.

jueves, 22 de octubre de 2026

LA HISTORIA DE UN GALLEGO QUE GENERÓ UN CLÁSICO: Luis Otero, el que encendió una rivalidad eterna | Marcos Carambatta

 



Un 22 de octubre de 1893 nacía en Pontevedra un futbolista que dejó su huella en los primeros capítulos del fútbol español. Olímpico en Amberes, figura de dos clubes enfrentados y protagonista de una disputa que trascendió la cancha, su nombre quedó ligado para siempre a la historia.



El fútbol todavía buscaba su identidad cuando Luis Otero Sánchez-Encinas empezó a recorrer los campos gallegos. A los 16 años debutó en el Sporting de Pontevedra y, en 1911, se incorporó al Vigo Sporting, donde conquistó cuatro campeonatos regionales y se convirtió en uno de los defensores destacados de su tiempo.


Su destino quedó marcado en 1923, cuando la fusión del Vigo Sporting con el Real Fortuna dio origen al Celta de Vigo. Disconforme con la disciplina de la nueva institución, Otero abandonó el club y fichó por el Deportivo de La Coruña. La decisión desató una controversia que alimentó la rivalidad entre ambas entidades, con sanciones federativas y reclamos que llegaron hasta la conducción nacional del fútbol español.


Pero su legado excedió aquella disputa. El 28 de agosto de 1920, Otero integró el equipo que disputó el primer partido de la selección española, frente a Dinamarca, en los Juegos Olímpicos de Amberes. Aquella campaña culminó con una medalla de plata. Fue, además, el primer gallego en vestir la camiseta nacional.


Con el Deportivo consiguió otros dos títulos regionales y disputó las primeras ediciones de la Segunda División. Se retiró en 1930 y echó raíces en La Coruña, donde atendió un bar en la calle de los Olmos. Su popularidad también lo llevó a protagonizar publicidades, mientras la Federación Española reconocía sus méritos deportivos en 1933.


Partió el 20 de enero de 1955, pero su recuerdo siguió vivo: un trofeo lleva su nombre en Pontevedra desde 1959 y un monolito en las inmediaciones de Riazor honra su memoria. En su historia conviven los comienzos de una selección, la gloria olímpica y una rivalidad que encontró en su decisión uno de sus capítulos fundacionales.

viernes, 16 de octubre de 2026

FÚTBOL PIRATA | UNA HISTORIA DE GLORIA Y CONQUISTAS: Ipswich Town, un pequeño con logros de gigantes | Marcos Carambatta

 





Desde una ciudad de Suffolk, lejos de los centros de poder del fútbol pirata, el Ipswich Town supo conquistar la liga, la Copa de Inglaterra y la Copa UEFA. Con Alf Ramsey primero y Bobby Robson después, escribió páginas que desafiaron la lógica y quedaron para siempre en la memoria de sus hinchas.




El 16 de octubre de 1878 nació una historia que atravesaría generaciones. En Ipswich, localidad del condado de Suffolk, en territorio pirata, un grupo de entusiastas puso en marcha un equipo amateur que, con el correr de los años, habría de ganarse un lugar entre los nombres ilustres del fútbol británico. El club adoptó su denominación actual en 1888, aunque recién se profesionalizó en 1936 y dos años después ingresó en la Football League.


La consagración mayor llegó de la mano de Alf Ramsey. En la temporada 1961-62, el Ipswich Town acababa de ascender y, contra todos los pronósticos, se proclamó campeón de la máxima categoría del fútbol pirata. Fue una conquista memorable, antesala de la trayectoria que llevaría al entrenador a conducir a la selección de los piratas hacia el título mundial de 1966.


La historia reservaba otra página dorada. Bajo la dirección de Bobby Robson, el equipo ganó la FA Cup en 1978, al derrotar al Arsenal en Wembley, y alcanzó la cima europea en 1981. En aquella Copa UEFA, el Ipswich venció al AZ Alkmaar por un global de 5 a 4, después de eliminar a rivales de la talla del Saint-Étienne de Michel Platini.


Con Arnold Mühren y Frans Thijssen, junto a John Wark, Terry Butcher y Paul Mariner, aquel conjunto combinó técnica, carácter y ambición. En Portman Road, su casa desde 1884, también quedó grabada la goleada por 6 a 0 al Manchester United en 1980.


La rivalidad con Norwich City alimentó duelos memorables. Y aunque conoció descensos y reconstrucciones, el Ipswich nunca dejó de perseguir viejos sueños. Su historia demuestra que también desde fuera de las grandes capitales futbolísticas se puede conquistar la tierra pirata y reinar en Europa.

jueves, 15 de octubre de 2026

Aniversario del natalicio de un guardapalos histórico: Manuel Vidal Hermosa, el guardián que dejó su huella en dos grandes de España

 



Arquero del Athletic Club y del Barcelona, fue protagonista de una época en la que el fútbol español comenzaba a escribir sus páginas fundacionales. Un 15 de octubre de 1901 nacía en Bilbao, lejos de imaginar el recorrido que le reservaría la pelota.



En aquellos campos donde el fútbol todavía conservaba mucho de aventura, Manuel Vidal Hermosa se hizo hombre de guantes y reflejos. Bilbao lo vio nacer y el Athletic Club lo recibió para convertirlo en uno de los arqueros de su tiempo, partícipe de una historia que ya comenzaba a ganar prestigio.


Con la camiseta rojiblanca conquistó la Copa del Rey de 1923 y varios campeonatos regionales. No era poca cosa en un deporte que crecía con la fuerza de lo popular. Vidal también tuvo su lugar en el Barcelona que ganó la primera Liga española, en la temporada 1928-1929. Disputó cinco partidos del campeonato y fue el primer guardameta azulgrana en afrontar un clásico liguero ante el Real Madrid, encuentro que terminó con victoria blanca por 2 a 1.


Su nombre quedó ligado, además, a un episodio pionero de la selección española. El 22 de mayo de 1927 ingresó por Ricardo Zamora en un amistoso frente a Francia, ganado por España 4 a 1. Así se convirtió en el segundo arquero en debutar con el seleccionado nacional y en el primer guardavalla del Athletic en alcanzar ese honor.


Volvió a Bilbao, pasó por Murcia y Atlético Aviación, y en 1934 abandonó el fútbol como jugador. El banco de suplentes lo esperaba: dirigió al Gimnástico de Valencia y al Racing de Santander.


El 17 de junio de 1965, en Valencia, partió aquel arquero bilbaíno que supo custodiar arcos ilustres. Dejó su estela de conquistas y una página especial reservada para aquellos que llegaron temprano a la historia.

A 115 AÑOS DEL DEBUT INTERNACIONAL DE LUXEMBURGO: FRANCIA NO ES BUENA PARA LAS BIENVENIDAS: 4 A 1 A LES LIONS ROUGES | Marcos Carambatta

  El 29 de octubre de 1911, Luxemburgo debutó frente a Francia. Cayó 4 a 1, y comenzó a escribir una historia que al momento de escribirse e...